El saben aquél que diú que era un tipo que iba a Correos a poner un telegrama:
“Quería poner un telegrama. Ponga: badum badum, badum, badum badum.”
“Oiga, por el mismo precio puede poner otra palabra.”
“Hmm pues no se me ocurre qué más poner.”
“Puede poner otro badum.”
“Sí hombre, ya no quedaría seria la cosa.”
Y por el mismo dinero os pongo otro:
El saben aquél que era un señor que tuvo un accidente con el coche en un barranco y se quedó colgando del borde agarrado a una rama. Empezó a gritar:
“¿Hay alguien? Socorro, ayúdeneme. ¿Hay alguien?”
En esto se abre el cielo, aparece un halo de luz que le ilumina y una voz potente, con personalidad, que retumba en todo el barranco y le dice:
“Hijo. Estoy yo, Dios. Escucha mi voz. Suéltate de la rama y déjate caer. Enviaré cien ángeles dirigidos por el arcángel Gabriel, que batiendo sus poderosas alas te recogerán, remontarán el vuelo y te dejarán en lo alto del precipicio sano y salvo.”
A lo que el señor responde: “Muchas gracias, pero… ¿hay alguien más?”





















































