Con el verano llega el buen tiempo (o eso dicen), con el buen tiempo llega la playa y con la playa llegan los castillos de arena. La cantidad de jovenes talentos que se encuentran en estas fechas a la orilla de mal haciendo construcciones de todo tipo, auténticas fortalezas, con sus fosos, torreones y murallas.
Otros en cambio sacan su espíritu perruno y les da por enterrar cosas… entierran a su abuelo, al padre, el reloj de la madre que nunca más encontrará o incluso a su hermanita la pequeña…


























































Bah, esa imagen está retocada… ¡es imposible tener tanta arena pegada a las rodillas!